martes, 25 de julio de 2017

Diagnóstico roto.




Como cada día, te escribo, siempre yo primero. Me dices gracias, reímos. Olvidamos todas las tonterías que nos había llevado al silencio. Volvemos a lo mismo. El mismo circulo vicioso donde pase lo que pase mis emociones siempre están en juego. 

Apuestos uno a cero contra mis sentimientos, lo peor es que ganas, o me ganas, aún no sé qué es, solo que es cierto. La inseguridad sigue siendo la línea que nos separa, no la distancia, tu conexión, la mía, los mensajes ocultos o los miedos. 

Eres tú, cuando tiemblas por dentro, abriendo, cerrando, sin responderme porque piensas que si lo haces así, acabaré por esperarte más, como si ya no lo estuviera haciendo con cada estúpida parte mi cuerpo. Interpretas el silencio a tu modo, te crees que no, que me voy, que no lo intento. Si tú supieras, no dirías eso ni por un momento....

Fui yo, quizás, el día que no me dijiste "lo siento" , cuando te fuiste sin avisar, cuando te necesité, me callé, y aunque hable en pretérito perfecto, en este presente, como dicen las canciones, aquí dentro, aún llueve, inundándome los pulmones, y también la mente, de recuerdos rotos que me alejan de ti, pero no de quererte, eso sigue ahí, aunque el corazón este roto. 

No me has ayudado, solo cuando te has quedado, ahora...por enésima vez en estos años, te has marchado, sin razón, y sin dilación; como esperando que yo fuera, queriendo que te buscara. 

                                                    Y lo siento, pero no. 

Esta vez, 
   si quieres, 
       vendrás tú. 

Y si no vienes, 
             si no vienes pues...todo estará claro. 

                                                          Dicen que quien quiere busca ¿no? 

                                                                                                                si es así...

                                                             ¿Por qué tu no me encuentras? 

A veces tengo tan claro que eres ese punto en el mapa, estable, la cruz exacta que quiero llamar casa. Y otras, otras es como si partiera las gafas contra el suelo, arrancándome la única posibilidad que me da la claridad para encontrarte de nuevo. Y no te veo, como si fuera(s) imposible, fugaz, pasajero. 

Pero es que no te das cuenta, 
no te das cuenta de que te vas, 
                              vuelves, 
                                me revolucionas, 
                                              me tienes, 
                                                me destrozas; me dejas, 

                                                            y yo, nunca te cierro la puerta, porque en el fondo no quiero creer que es la última, ni tampoco auto convencerme ya de que será como la primera vez que creímos poner paz en toda esta guerra. 

Me cansé de idealizarte, o pluralizando, idealizarnos, soñandonos tan alto para al final siempre derrumbarnos. 






Ya esta, no quiero hablar con poesía, no más rimas. Quiero arrancarme esto, confesando primero que me acojona olvidarte, sintiendo cómo la rosa roja se vuelve negra porque te pierdo, sabiendo que otras manos te tocan, que otro pecho late donde hasta hace nada era mi música la que movía todo ahí dentro. 


Me da miedo no ser yo cuando siempre serás tú, no superarlo jamás, no sentirme fuerte del todo; absorbida en esta coraza, atrincherando las emociones hasta llenar todos nuestros rincones de una rabia voraz que me hace sentirme vacía por cada minuto que me mantengo en silencio, sin ti, tuya, sin ser nuestros. 

Me da miedo que seas futuro, pero solo en mis sueños, melancólico paracaidista que abandonó la pista justo en el peor momento. No siempre estamos a tiempo, es mentira, a veces sí es tarde, y no siempre es bonito el final del cuento. 

Pero sigo acojonada porque tú eres tan perfecto en tus defectos, la talla perfecta para un corazón azul tan lleno de miedos, tanto, que solo de pensar que no te tengo, algo se rompe aquí dentro, vuelve el llanto, y me olvido de porqué estoy fingiendo ser fuerte, escribiendo todo esto.





Después de esto, 
o vienes, 
o te juro por Dios, 
que aunque me joda la vida, 
yo, 
no vuelvo. 






viernes, 21 de julio de 2017

¿Cómo te llamo?




No sabes cuánto hubiera dado por quedarme esa noche contigo. Puede que sí, y me engañe a mí misma diciéndome que no me echas de menos, o que esto, no está acabando conmigo. 

No sé qué decirte, pero sí qué quiero. Te quiero, aquí, en el hueco entre tus inseguridades y mi sonrisa, cerca, sin kilómetros como barrera, conmigo, contigo, a sangre fría, o puede que hirviendo. Pero no vienes, o solo eres pasajero cuando deseo que seas piloto de este vuelo llamado amor que ya ni controlo, ni se si puedo. No me tocas, sigues lejos, acompañado por tus escalofríos, silencios tardíos y una indiferencia que más que molestarme, me destroza por echarte de menos. 

Nos echo, sí, contra los esquemas absurdos, de más, a contrarreloj y sin rodeos. No me ayudas, me bloqueo; me desordenas la felicidad, enloqueciendo lo poco que quedaba de cuerdo en este cuerpo.
Y aún así, con todo esto, sigues eligiendo ser pasajero cuando eres el avión entero, desde las alas hasta el equipo de vuelo, pasando por mi pecho y calándome hasta los huesos. 

Sigues diciendo "te quiero" pero me desespero, buscando excusas para no quedarte; bailando sin descanso hasta pisotear con tu actitud uno a uno todos los recuerdos.

Sigues diciendo tú todo. Y es curioso, porque todo, es justo lo que yo siento cuando cierras la puerta y dejas que sea el viento quien decida si mañana vendrás con la corriente o me abandonarás en otro de tus grandes, memorables, oscuros y tétricos momentos. 


No puedo llamarte despedida, pues siempre hay reencuentro. Tampoco eternidad, pues fugaz eres en cada intento. Te llamo amor, porque tuya soy en cada latido de este pecho, pero también dolor, porque juro que hay días que me lo arrancaría por seguir ahí aún con todo lo que le has hecho.








jueves, 22 de junio de 2017

No debería, pero sí.

Se que no debería, pero aquí estoy, escribiéndote; desangrando los recuerdos contra un folio en blanco que no se parece ni de lejos a ti. Aquí estoy, sí.


Aquí estoy,
tú no;
esa injusticia.


El tiempo sigue corriendo a una velocidad que ningún ser humano comprendemos. Es fugaz, pero no eterno, eso tú, con o sin relojes de por medio. Pero a falta de ti, buenas son las plumas, las tardes grises; los minutos que como agujas, se clavan sesenta veces por minuto y no se esfuman. Me llenan de ti, a veces incluso me abruman.

No sabría muy bien qué decir sin mencionarte cada dos palabras hasta en la situación más absurda. Que no sé, no quiero saber si disparas o apuñalas. Que no quiero tener que creer, soñar, caer para volverte a tener una noche más entre mis alas. Esas alas que tú forjaste, las dos columnas que llamo soporte y tú diste eso con cada abrazo, beso o palabra.

El amor que no vendías, regalabas. La ausencia sin tregua que acordamos no tener jamás. El camino que no andabas, sobrevolabas. La voz que no gritaba, calmaba. Tormenta sin nubes grises, luces que sin emergencias ni necesidad de vez en cuando, en tus ojos, esa preciosa casa, también parpadeaban para mudarme un par de noches a la semana.

El pasado que todos dicen debo dejar atrás, el único tiempo donde vivías y no me dejarás jamás. El presente, duelo que no puedo soportar, como una flor que no puedo deshojar; como esa rosa que aunque roja, de vez en cuando clava sus espinas en mi retina acompañada de un mar que me recuerda que no volverás.


Y como recordarte es lo que me queda, por enésima vez en mil vidas desearé (por escrito o sin papel) verte de nuevo al otro lado del arcén, sin más sueños, preguntas o porqués. Solo tú, yo, amor de mi vida: ángel custodio, mi gran ejemplo en la vida, el único y verdadero significado que di, doy y daré siempre a la palabra "mujer".


Te sigo echando de menos,
aunque no me oigas,
ya no me escuches
un día
volveremos a encontrarnos otra vez.


Te lo prometo.







sábado, 17 de junio de 2017

Limerencia paracaidista.




Por cualquier Sábado camuflado de Domingo de Enero. Por ser sin tener, siendo solo un sueño sempiterno que guardo como oro en paño en mi cuaderno. Por todo lo que escribo, borro, tacho y reescribo encima mio con fosforito en cada folio que garabateo sin sentido. Por la música alta, las luces apagadas y los sentimientos encendidos de madrugada. Ya sabes, esa guerra, sí, esa, la que empieza por tu nombre y cuando acaba sin ti a mi lado me desespera.  No se, es por todo un poco; mucho mas por nosotros que por otros.

Deseé tanto que fueras un acierto, tantas fueron las veces que me partí la cara contra el cemento por asegurar que tú sí, que esta vez no iba a salir mal. Aposté todo cuanto tenia y aún con la boca partida por todos los que decían que no ganaría, gané. Tuvimos nuestra bandera de victoria en el monte mas alto de nuestra memoria. Fuimos grandes; gigantes, imparables...o quizás solo fuimos, somos, deseamos ser dos personas sin miedo a tocarse las alas con un par de miradas que encenderían hogueras enteras si se cruzaran. Quizás después de todo solo somos más que esto, demasiado para el resto...un aterrizaje forzoso sin permiso para despegar o aterrizar de nuevo; como el paracaidista que salta cuando tiene mas miedo, sin permiso ni seguridad de llegar sano y salvo al suelo.

Puede que solo seamos eso, riesgo, pero joder, lo que daría por volver a arder en tu fuego; quemarme con la yema de tus dedos hasta grabar a fuego lento que esta vez sí, seremos; consumirnos en el deseo de tenernos, esta vez, sin peros. Solo tú, solo yo. Solo querernos, solo hacerlo sin más pretexto que volar juntos; correr de nuevo ese precioso, excitante y sin duda atractivo riesgo de intentarlo.




Y de repente, siempre, tú. 

domingo, 28 de mayo de 2017

Ruta paracaidista.

Vuelves a conducir mis deseos; siento cómo pierdo el control sobre mis dedos, que tontos, inútiles, buscan la forma de retratarte, porque saben que no pueden tocarte sobre mi cuaderno. La música ensordece mis oídos; otros tontos títeres que parece que sólo funcionan bien si estoy contigo. Me dicen que no vaya, que retroceda; que es un error volver a lo mismo. Escucho cada palabra aunque sé que las ignoraré por escucharnos aquí dentro; una vez más al unísono. ‬

‪Vuelves a pintar la carretera de mi vida, cuya primera parada es "nosotros". Y yo, bueno...hace rato que cambié versarte entre lineas por besarte sin excusas, escritos o sandeces sobre el papel que con o sin nosotros, de vez en cuando necesito.

Conduces tú en mí, pero también conmigo. Supongo que es de locos sentirme en la cima del mundo, sólo por un segundo de vida pluralizada contigo.


martes, 9 de mayo de 2017

Historia de ti.

Una vez me dijeron que la música es el ritmo que pone un corazón roto a sus mejores recuerdos.


Y hasta aquí puedo leer. Porque no puedo hablar por todos; tampoco por mi. Cada dia es una canción nueva que siento que voy a necesitar reescribir si la quiero describir.  Subes el volumen mientras escondo los acordes. Saltas frente a mi al mismo tiempo que yo siento que esta melodia dentro de mi no fluye.


Me siento torpe; como una sinfonía en medio de un concierto de ska-p ; desorientada sin saber muy bien cual es el Norte; no el de los mapas, tampoco el de las brujulas, solo mi Norte; el camino correcto, el momento perfecto para seguir adelante.


Supongo que aun no me he escuchado lo suficiente; es posible que obsesionada con encontrar la banda sonora a mis momentos mas tristes olvidase que también los hay un poco mejores; que merecen ritmo propio, gritos saltos y todo lo que esta bailarina puede ofrecer si un dia sale a la luz y abandona esta pesadumbre.


Ignore las risas que compartí con mis padres, los abrazos salvavidas que recibí de una buena amistad cuando el alcohol sobrepasaba las ganas de llamarle. Fume tantos cigarros que consumi las ganas de componer por mi y me limite a esfumarme. Realentize cada exito y pise demasiado fuerte en nombre de mis fracasos. Puse la Luna delante del Sol sin darme cuenta de cuantos ocasos estaba perdiendo por ese intento fallido de “ser yo”.


Me di cuenta tarde. Valore a quien no me valoraba y quise a quien no hacia sino debilitar mis alas. Abrí los ojos con un golpe de tiempo y no por mis caídas. Aprendi a echar de menos tarde, mal y a destiempo porque la gente dice que no hay limites ni mal momento para nada; pero eso no es cierto.


He sido una cancion de los 80 tanto tiempo que he olvidado como se baila una noche de Sabado en 2017 sin mucho mas que hacer que disfrutar el momento. He sido rap, y tu has sido cuaderno. He sido rock y aqui dentro, la guitarra sigue desafinada pero suena mas fuerte que mil truenos. Soy eso; una nota desafinada que aun no ha encontrado las fuerzas suficientes para descubrir cual es el ritmo que lleva en el pecho; y no solo en los pies; cual es su cancion. Y como se baila esta vez.


Soy todo lo que tu eres. Miedo, inseguridad, pasos atrás...el reflejo de una niña fingiendo ser mujer cuando todo lo que quiere es revivir esa inocencia que le ayudaba a volver a soñar. Soy tu, o tu eres yo, que mas da. Somos todo cuanto podemos ser (o cuanto nos atrevemos a escuchar)


Así que...dime, corazón roto con ganas de bailar; ¿a que esperas para buscarte y volver a sonar sin parar?


Puede que yo ahora no me atreva pero se que algún dia volvere a pisar la pista con mas fuerza que nunca. Mientras tanto, tu no sigas mis pasos; deja los miedos a un lado; subete el volumen y escucha tu voz por encima de este eco mundano y absurdo que llamamos mundo.


Estare encantada de encontrarnos en el camino si nos perdemos y escucharte hasta reencontrarnos de nuevo en un “me quiero”


Vamos, hazlo, sabes que puedes...y lo que es mejor, quieres hacerlo. 



miércoles, 29 de marzo de 2017

"Se feliz"

"Se feliz" Esas fueron mis palabras. Justo ahí, en el hueco entre una pausa y una despedida de nuestra historia con paracaídas. Sigo pensando que quizá fue un error; se nos daba mejor sujetarnos a la cuerda floja que tirarnos al vacío sin ninguna medida. Siempre fuimos más de turbulencias que de coherencia. Teníamos el mundo en nuestras manos, supongo que por eso nos apretábamos más y más fuerte en cada momento. Ahora he llegado a pensar que solo era un modo de decirnos "No vamos a soltarnos. Te lo prometo." sin palabras; mano a mano. Cicatriz a cicatriz. Latido a latido. Amor por amor... 

Así fue, llegaron mil tormentas; vendavales llenos de inseguridades, discusiones; miedos a raudales y tú seguías ahí. Yo seguía contigo. Abrazándonos fuerte, apretándonos las manos. O los miedos. No lo sé. No importaba. Seguíamos de pie; como las hojas que se mantienen firmes contra el viento en pleno otoño. Nosotros seguíamos caminando. 

Pisamos bombas de relojería unidas a algún que otro pánico también llamado "terror a perdernos y no saber nada más"; Nos rozamos, conocimos con detalle los extremos que delimitan la palabra "FELICIDAD". Apostamos por casi y sin embargo dimos todo. Nos regalamos y reprochamos tanto que llegados a ese punto; al momento; al estúpido "quiero y no puedo" ; la decisión después de muchos gritos a media voz. El carraspeo de un adiós a media voz anudado en el corazón. Me tocó a mí pensar en ese momento por los dos. 

Pensé en todas las noches que dormiría con el ruido de tu silencio y no tu sonrisa. Reflexioné por toda la ciudad que te rodeaba esperando tu permiso de entrada. Me temblaba la vida al ver cómo todo nuestro futuro se reprogramaba. Te quería tantísimo que sentía que merecías más. Que esto ya no bastaba. Que yo no bastaba. Pensé en todo eso; en los paseos por Gran Vía que ya no daríamos o cómo La Puerta del Sol no nos regalaría una campanada que repitiera nuestro "Otro más. Volamos, lo conseguimos" (...) Me dolió más de lo que duelen cualquiera de estas palabras; Evaporé la esperanza que tenía sobre nuestras promesas. Nos puse por delante, por un segundo casi me detengo. Pensé en ti. Pensé en ti feliz. Pensé en ti sin ataduras. Pensé en tu idea de libertad más absoluta, en cómo necesitabas ese paso. Pensé en ti. Y me decidí. Sabía que me querías pero necesitabas más quererte a ti por un tiempo. Te di el aire. Me corté las alas. Aterricé. Nos despedí. Así fue nuestra verdadera detonación. No hubo culpables; no hubo nada. Solo nosotros y nuestra tonta manera de querernos por encima de todo esto. 


"Se feliz" repetí, lo repetí tantas veces que ahora me doy cuenta que esas dos palabras unidas al desenlace que elegí (sin mí) se han convertido en mi mayor miedo. El temor de esta niña bailarina partida por la mitad en su mejor sinfonía. "Quiero lo mejor para ti pequeña" repetiste tú; maldito estúpido...no digas eso. No hagas eso. No me hagas repetirte que la respuesta a eso hasta hace poco siempre fuimos los dos. No hagas que no quiera soltarte. No hagas que extrañe la sensación de cuidarme contigo. No. Cállate. Vuela. Sigue apaleando nuestros recuerdos en carcajadas fugaces, medias lunas o rutas intermitentes. Sigue siendo tú con otras. Sigue haciéndolo, es la mejor manera de que yo también quiera ser yo sin partirme la boca cada vez que pienso en la tuya rozando las suyas. Déjame recordarnos así. Dame una pausa. Danos un respiro. 


Podemos ser felices. Algún día volveré a verte como el amigo que eres. Nos recordaré como esa época en que todo era posible, incluidos nosotros. Cuídate. No abras el pecho por nadie. No borres mi huella. No abandones nuestra casa aunque te lo pida. Yo tampoco lo haré. Podré abrir la puerta a mil turistas; capturar momentos con personas que una noche u otra se que no volverán. Puedo. Podemos. Pero no dejaré entrar a nadie más. Nadie tiene permiso para provocar este huracán emocional que contigo solo quería volar sin parar. Nadie podrá ser tú. 


Por favor, no dejes que nadie te haga creer que alguien puede ser yo. Nada será como los dos. No taches mi nombre por otro. Escribe, reescribe y borra a mi lado; pero nunca a mí. Prometo hacer lo mismo. 


Prometo cumplir. Prometo yo también seguir mi consejo siendo mi propio "Se feliz" en presente, futuro y no mirar más a nuestro pasado. Tienes mi palabra de que bailaré hasta llenar la pista y compondré al final de cada día una canción con pronombre "Yo, conmigo, por mí" nada más.  Prometo que así será. Seré. Estaré. Viviré plena, feliz y completa sin ti, contigo, conmigo y por los dos.






Twitter: @versand0nos 




lunes, 13 de marzo de 2017





ME QUEDÉ CON TODO. 


Puedo enumerar una a una las razones por las que estas sin estar; cómo rompes sin tocar; así con la calma que trae tu recuerdo en el caos de esta vida gris... sin ti conmigo, sin mi sin ti. Claro que sí, podría, pero no voy a ser así. 

Después de todo solo soy la mitad del puzzle que un día construíamos juntos; la última pieza que ya no encaja en tus planes de futuro seguro. Y no, no habla la tristeza; tampoco la decepción...es curioso, pero en mí ya solo existe resignación. 

No puedo culparte por irte cuando quien detonó nuestra despedida fui yo. No puedes pedirme que no mire al cielo buscándote cuando aquí dentro sigues siendo el único sonido que da juego a este corazón. Palpita, bombea, se acelera...pero ya no tiembla; no siente  la sinfonía de tu voz. 

No me pidas más veces que me coma el orgullo para gritarte que necesito tu sonrisa de banda sonora a mi lado en este viejo colchón. No me hagas pensar en todos los vuelos de emergencia que perdimos desde que aterrizamos en este adiós. 

Te prometo que intento convencerme todos los días de que renunciar a ti fue lo mejor que pude hacer por los dos. Que no dueles, no estás; no vuelas y se acabó. No hay día que no repita la misma canción a este corazón que se niega a olvidarte o vivir a medias con lo poco que queda de un "nosotros" borroso que ahora solo protagoniza estas lineas llenas de melancolía, invierno y que, aunque no lo sepas, también me exhaspera. 

Te prometo que no prometo poder olvidarte algún día; pero lucho por ello. Peleo conmigo y estas ganas de llamarte en cada alegría o caída. Lucho con el telefono, los kilometros, tus fotografías y persisto en mi estupida manía de fingir que todo es más facil si tú no me miras... 

Tonta yo por dejar la puerta abierta a otras bocas; Tonto tú por no saber ver que por encima de todas ellas sigo esperando que elijas el camino de vuelta y Roma pueda ser nuestra una noche de estas. Pero no. No pasará porque ya no me reconstruyes, solo escondes tu mochila y vuelas lejos de mí; cada vez un poco más...

Y yo, sigo en el suelo; sentada, resignada con las piernas cruzadas y un sentimiento sempiterno que me revoluciona los sentidos y necesito expresar con estos dedos agrietados por el deseo incumplido de abrazar tus miedos; aceptando que ya no apretarás estas manos; que no estarás cuando en singular cumpla lo que un día en plural tanto soñamos. 

Hablando claro; me quedé con la mitad de nuestro todo. Aún no se cual. Pero así es. Me quedé a medias contigo, con la vida; ligada a esta torpe, torcida y cálida sonrisa que acaricia al mismo tiempo
que dispara sin  más balas que la ya imposible probabilidad de ser la salvavidas de nada. Me quedé masoquista, rara, fría, sin ti; sin mí. 

Quien sabe, puede que un día me crea mi propio teatro después de tanto ensayo. Es posible que un día sí sea fuerte de verdad; no necesite nada y todo esto serán simples palabras. Pero no será hoy. Y mientras yo siento que me quedé con todo, sigo aferrada a las revoluciones hechas caricias, la guerra sin armas que ya no protagonizas; no sé...creo que me obsesioné con los recuerdos porque aún no he tenido cojones para quemar tus fotos en la hoguera de mi soledad que también llamo resistencia. Sigo saber porqué o qué pero algo ha cambiado, Nos echo de menos, pero también a un lado. Es extraño. 
Estoy hecha pedazos y al mismo tiempo siento reconstruyéndome como puedo en cada trazo…y nadie más que yo sabe cuanto me está costando. 



Mientras tanto tú cuídate, vuela alto y olvida todo esto que acabo de escribir. Escupe cada coma y llenate de puntos cardinales que te ayuden a encontrarte; y sobre todo, a ser feliz. Hazlo por ti, un poco por mí y mejor por los dos. Nos lo debemos. Y aunque hoy no puedo, algún día prometo alcanzar la altura de tus pasos en cada vuelo para encontrarnos de nuevo; sin celos, sin distancias; solo complicidad y un nuevo plan de ruta que me impida echarnos de menos. 






miércoles, 1 de marzo de 2017

Rutas de emergencia.

Con el paso del tiempo te das cuenta de que la mayoría de las cosas se van, se acaban, se ponen en ámbar, como yo. Te dicen que siempre se puede esperar, que puedes dar segundas oportunidades, que a la tercera va la vencida, que lo mejor se hace de rogar. 

Me cansé de esperar que el semáforo se pusiera en verde cuando el rojo me sienta mucho mejor. 
Tú y yo sabemos que la vida es arriesgarse, es salir a flote después de ahogarse, es querer sabiendo que te van a clavar las espinas. Es saber que te pueden a llegar a morder con rabia y te van hacer sangrar de odio. 

Por eso es mejor correr, gritar, no mirar atrás, no mirarte a los ojos, arriesgar todo al rojo, ser tu propio amuleto de la suerte, ser tú y nadie más.

Es más fácil querer vivir que vivir en sí, ¿pero sabes por qué?;

Porque le ponemos demasiadas esperanzas, nos hacemos demasiadas ilusiones, pensamos demasiado, queremos cosas que sabemos que no podemos tener y aún así, aún con todas las heridas, nos sonreímos unos a otros, fingiendo que no duele, que no se siente, que jamás ha pasado.

Y que sí, que somos unos falsos, que estamos hechos de papel, que nos consumimos demasiado cuando vemos a la persona perfecta. Que ardemos, nos hacemos trizas, y volvemos a las cenizas, a ser polvo.

Maldita locura absurda que nos mueve, conmueve y nos tira al suelo en un segundo. Estamos tan obsesionados con el respeto del resto que olvidamos por un momento qué es lo más importante: El nuestro. Nos acojona la idea de aceptarnos si eso supone ignorar las líneas que otros marcan a nuestro lado.
Pero es así, somos diferentes; confidentes de un corazón que cambia de rumbo según quiere la razón. Esa estúpida que tantas veces es cobarde y nos hace perdernos lo mejor. No te pido que seas como yo; solo que seas tú, ¿Cuántas veces has querido hacerlo?¿cuantas y el miedo ha ganado primero?

Es hora de vencerte. Ha llegado el momento de conocerte y abrazarte de nuevo. Aleja los pasos de cebra, se todo lo intermitente que quieras en la carretera que otros llaman vida. Desdibuja el mapa que han preestablecido para ti. Pinta de colores tu nombre. Siente cada letra; hazme saber que has llegado aquí para conocerte a ti, y no el eco sordo de quien no sabe ni qué sentir.

Estamos fuera de lo convencional, ¿no te das cuenta?; somos el proyecto más complicado de la clase. El punto y coma que nadie cómo continuar porque no puede descifrar. Tenemos la mirada más cálida y fría que he visto jamás. Somos todas las estaciones que sin trenes nunca nos sentamos a esperar. Conductores y guías. Vuelos y aeropuertos. Amores y despedidas. Distancias absurdas  unidas a un cumulo de guerras que creímos perder hace mucho tiempo. Somos humanos.

¿Qué importa si mañana estás en rojo?; o por el contrario, ¿Qué pasa si quieres ser verde y permitirte ser tú por un momento?; haz caso a esa canción que suena en aleatorio, déjala pasar, ábrete la puerta; permítete volver a empezar. Deja de ser ese falso que sonríe por costumbre y empieza a hacerlo de verdad. No des más oportunidades sin razón. Limítate a no tener ninguna limitación. 

Apriétate el cinturón, suelta la voz. Todo será mejor.


Y sí, al principio temblarás, pero te aseguro que volarás más alto, más fuerte de lo que puedes imaginar; tienes mi palabra; puedes y serás mucho más. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Introspección emocional.

Necesité perderme para encontrarte. Me rendí un millón de veces hasta que tu risa llegó para rescatarme. Estoy orgullosa de mí misma por ti, pequeña introspección emocional que me ha llevado a preguntarme qué soy, dónde voy o donde acabará toda esta pamplina llamada vida.

Hablo de ti conmigo, o de mí contigo mil veces al día. Cuelgo la llamada de mi miedo descolgando una tarde cualquiera las cincuenta razones que escondía tras la sombra de una maquillada sonrisa que ni yo misma me creía. He marcado el número del vértigo retandole un día más a que venga a por mí si se atreve y sabe donde pisa. Me he acojonado de lo feliz que me hago por ti, y aun asi, sigo volando con las alas partidas porque se que al final de mi ruta me espera la verdadera razón de todos estos escritos, vuelos imposibles, distancias infinitas y bailes con los pies llenos de heridas. Me espera con los brazos abiertos, quiere regalarme todo lo que otros me quitan.

Por ahí la llaman autoestima, yo prefiero describirla como la coordenada perfecta de mi conmigo misma.


Gracias bailarina, paracaidista, miedosa, insegura, rota, malquerida y dulce niña. Gracias a ti soy más fuerte cada día. Aún no te quiero como debería, pero prometo hacerlo algún día.