sábado, 17 de junio de 2017

Limerencia paracaidista.




Por cualquier Sábado camuflado de Domingo de Enero. Por ser sin tener, siendo solo un sueño sempiterno que guardo como oro en paño en mi cuaderno. Por todo lo que escribo, borro, tacho y reescribo encima mio con fosforito en cada folio que garabateo sin sentido. Por la música alta, las luces apagadas y los sentimientos encendidos de madrugada. Ya sabes, esa guerra, sí, esa, la que empieza por tu nombre y cuando acaba sin ti a mi lado me desespera.  No se, es por todo un poco; mucho mas por nosotros que por otros.

Deseé tanto que fueras un acierto, tantas fueron las veces que me partí la cara contra el cemento por asegurar que tú sí, que esta vez no iba a salir mal. Aposté todo cuanto tenia y aún con la boca partida por todos los que decían que no ganaría, gané. Tuvimos nuestra bandera de victoria en el monte mas alto de nuestra memoria. Fuimos grandes; gigantes, imparables...o quizás solo fuimos, somos, deseamos ser dos personas sin miedo a tocarse las alas con un par de miradas que encenderían hogueras enteras si se cruzaran. Quizás después de todo solo somos más que esto, demasiado para el resto...un aterrizaje forzoso sin permiso para despegar o aterrizar de nuevo; como el paracaidista que salta cuando tiene mas miedo, sin permiso ni seguridad de llegar sano y salvo al suelo.

Puede que solo seamos eso, riesgo, pero joder, lo que daría por volver a arder en tu fuego; quemarme con la yema de tus dedos hasta grabar a fuego lento que esta vez sí, seremos; consumirnos en el deseo de tenernos, esta vez, sin peros. Solo tú, solo yo. Solo querernos, solo hacerlo sin más pretexto que volar juntos; correr de nuevo ese precioso, excitante y sin duda atractivo riesgo de intentarlo.




Y de repente, siempre, tú. 

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