domingo, 1 de enero de 2017

Chica paracaídas pt. II

Sopló una vela sobre la tarta de nubes que tenía por corazón. Raspó las rodillas al chocar emocionalmente contra el suelo dejando al aire las averías que habían provocado el aterrizaje forzoso de ella misma contra el eco vacío de su ahogada, triste y ahora baja voz. 

Aprendió por fin a decir que no, abrió la mochila llena de provisiones en dosis grandes de orgullo y corazas anti-destrucción. No sabia muy bien que quería de la vida pero sí qué esperaba de si misma en esta nueva estación. Miraba a su alrededor y donde antes había cielo; ahora solo hay suelo, realidad y ningún lugar para la ilusión. O el amor. No sabría que decir. Ella misma aún no ha sabido cómo responder a esa cuestión. 

Y tú preguntas, ¿Por qué necesitó un choque frontal con su pecho de hielo para cerrar su corazón y empezar de nuevo? no estarías equivocado si pensaras que ser así es un error. Que se esta rindiendo porque su vuelo ya no es cosa de dos. No estaría mal si pensaras que la chica paracaídas se esta transformando en la chica hundida o resignada ante el caos que para ella supone seguir con un punto final escrito en el corazón. No estarías equivocado pero tampoco en lo correcto. Y te explico porqué... 

El vuelo de su cuerpo no fue involuntario. Ella decidió que después de muchos aterrizajes cargados de miedo, distancias mudas, abrazos invisibles o besos sempiternos era este el momento de parar, coger aire y pensar si merecía la pena seguir alzando el vuelo por quien no la acompañaba ya ni en la avioneta de su vida. Ni sujetaba sus dedos. No compartía su vértigo y los latidos ya no sonaban al unísono. La música estaba acabando y antes de quedarse sorda, afónica emocional o solo muda decidió esto. Saltó al vacío sin paracaídas, dejó la mochila que cargaba en su espalda en cada salto antes de realizar el vuelo. Voló libre, descendió bruscamente y en un primer momento no aceptó que había accidentado contra el suelo. O la realidad. Llámalo como tú quieras. Y ahora...puedes seguir pensando como quieras pero yo admiro su vuelo de emergencia, las cicatrices de sus rodillas. Y también las que lleva por bandera en sus ojos; reflejo de su roto corazón azul cielo que un día voló alto por ella. Y por dos.  

La admiro porque se levantó sin lagrimas. Limpió sus heridas, levantó la cabeza y agachó el dolor hasta pisotearlo con las botas de su valor. Olvidó el temor sustituyéndolo por sonrisas. Cambió sus lagrimas por sarcasmo y buen humor. Se hizo fuerte aprendiendo a ignorar a su corazón. Construyó un muro de carga alrededor de  su pecho de cristal que necesitará algo más que un francotirador como él para volver a sangrar. Y ojalá nunca pase. Hoy se que no pasará. 

Felicidades chica paracaídas, por fin has aprendido que volar no siempre significa estar tendida por la cima. Que puedes hacerlo sobre el suelo y mejor aún sobre tu sonrisa. Gracias por aprender tan rápido. Gracias por ser yo. Gracias por ayudarme a reconstruirme a mí. Eres mi mejor baile porque llevas mi nombre y nunca suenas como una canción. 



Y tú, ¿Cuando vas a ser tu propio paracaídas?


Gracias por volar conmigo. Sois la mejor pista de aterrizaje de esta chica paracaídas.


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