domingo, 30 de octubre de 2016

KILÓMETROS ROTOS pt I.




Chico conoce a chica. Chica conoce a chico. Chica conoce a chica o chico conoce a chico. Vamos a pensar en el primer caso, qué más da, se conocen en la barra de un bar. Él bebe para olvidar mientras ella olvida cuando sonríe a su lado porque estaba gritando en silencio contra la botella de aquel tugurio. Él, abierto y simpático suelta el primer piropo. Ella, introvertida y cerrada aparta la mirada ocultando su sonrojo. Él ríe, ella pide otro vaso. No saben muy bien que pasa pero los dos están conectando.

Los vasos se vaciaron y las risas llenaron los espacios que antes gobernaba el silencio entre los dos. Él le contó que viajaba mucho y ella ahora riendo reconoció que el viaje más largo que había hecho era el que imaginaba cada noche entre sueños. “Qué curiosidad de chica” pensaba él cuanto más hablaba ; “Que vértigo de chico” pensaba ella cada vez que fallaba su sonrisa con la más mínima tontería del que hasta hace unas copas era un completo desconocido. Las palabras salían solas de sus bocas, no podían parar. Y qué bonito.

El camarero contemplaba a lo lejos la escena. Solo faltaban las palomitas y una canción lenta para creer que Nicholas Sparks había descrito ese momento. Llegó la hora del cierre y con mucha pena él interrumpió a los dos jóvenes. “Tenéis que iros. Voy a cerrar ya, lo siento” susurró él a lo que ellos respondieron con silencio, se miraron el uno al otro. Sonrieron de nuevo. Y sin saber porqué salieron corriendo. (Efectivamente, no habían pagado) El amor ya no era el único riesgo que estaba pasando por sus vidas en ese momento.

Corrieron sin freno hasta perder de vista al camarero enfurecido que había salido tras ellos. Y allí, parados. Sin más tiempo que la lluvia intermitente calándoles los huesos volvieron a gobernar los silencios. Ahora más cerca, más íntimos. Más suyos. Él dio el primer paso precipitándose hacia sus labios. Ella sentía como quería hacerlo pero al mismo tiempo tenía miedo y en un intento por apartarse tropezó con sus propios pasos y cayó al suelo. Los dos rieron. Ella ahora calada por el agua y el miedo a tener que decir “no” gritando un “sí” por dentro. Que tormenta de sensaciones. Qué huracán vivir ese momento. Él divertido por ver a esa chica, tímida e introvertida dejándose llevar, siendo frío y calor al mismo tiempo. Ofreció su mano a la caída, ella se incorporó.

De nuevo estaban cerca. Él volvió a intentarlo pero esta vez sin pensarlo ella solo susurró “no, así no”. Extrañado se apartó, mirando a la joven que sentía como abrir la boca para decir esas dos letras y no darle un beso había sido un completo error. Se estaba separando de ella. Volvió el frío. Y no hablo del invierno.

“¿Y para qué todo esto si no querías nada conmigo?” preguntó él sorprendido por su reacción. “¿Y por qué todo tiene que ser tan rápido?” exclamó ella abrumada por la vergüenza y el miedo de nuevo. “No te entiendo” Replicó él.



“Quiero decir, ¿Por qué todo tiene que ser así? Hace cinco minutos estábamos hablando. Nos estábamos conociendo y por una vez creía que estabas viendo más allá de este empapado escote que marca todo lo que por dentro no tengo. Salí corriendo contigo bajo la lluvia y tú lo hiciste conmigo sin pensar cada uno en nosotros mismos. ¿Por qué ahora tengo que besarte si siento que no es el momento?¿No vamos a vernos más?¿Voy a ser una chica de barra que contarás a tus amigos el próximo fin de semana para después buscar a otra más? No, lo siento pero no soy así. Y pensaba que tú no eras así.” El joven esbozó una sonrisa, estaba alucinando pero ella seguía hablando. “¿Te hace gracia?¿O solo te ríes de mí? Caerme al suelo y la pulmonía que voy a tener mañana va a dolerme menos que la decepción que estoy teniendo. Podría entender que te moleste mi rechazo pero si ves que quiero conocerte. Que no quiero marcharme, solo esperar. No deberías extrañarte tanto. O reírte. Ser uno más de tantos al fin y al cabo. No sé...supongo que buscaba encontrar algo más que un vaso vacío al salir de ese bar contigo. Hace dos segundos estábamos a centímetros y aún abrazada a ti, con tu calor sentía escalofríos. ¿Sabes que siento ahora? Que solo eres una lección más para demostrarme que este (señala su corazón) es solo mío.” Él negó con la cabeza, dio un paso hacia ella y está de nuevo se alejó. “No, ahora no hay oportunidad. Has necesitado oírme decir todo esto para replantearte lo que estás haciendo. Ya no quiero tus besos y tu sonrisa de medio lado. Quédate ahí que yo me voy a ir andando. Necesito hacer de estos centímetros ahora unos kilómetros rotos que me olviden el tonto que he estado haciendo.” Y sin dar más opción bajo la lluvia ella desapareció.

Si tú fueras él ¿Qué harías tú?
O si fueras ella. Dímelo.

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Supongo que todos somos tormentas de otra persona. Distancias cortas que en segundos pueden volverse eternas. Caminos de ida y vuelta. O solo de ida. Y que bonito cuando es así. Cuando no, solo somos un kilómetro más en el cuentakilómetros de historias perdidas con las expectativas de un futuro que podemos crear también nosotros mismos. Olvidamos que igual que para nosotros ellos/as son kilómetros de distancia hacia una historia que parece que no merecemos, igual que ellos, nosotros también podemos ser la razón de que ese chico nunca más vuelta a intentarlo del mismo modo o ser el mismo. No se, piénsalo y dime cuantas veces has caído en esto. Dímelo.


Llueve sobre los dos y ninguno fue capaz de no decir "adiós"



2 comentarios:

  1. Si fuera él, me aferraría a ella, asi fuera amistad, amor, admiración, simple interés o solo curiosidad. Definitivamente me ganaría algo más que un beso, como resolver el misterio que es una persona así.

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    1. Es la reacción que esperaba. Alguien capaz de caminar contigo aunque tú te vayas. De seguir e insistir. No rendirse. Es intrigante no sé.

      No puedo estar más de acuerdo contigo.

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