sábado, 24 de septiembre de 2016

Septiembre.

Y cayó la primera gota. Saqué mi paraguas roto por la puerta y aquí estaba, había llegado. Ya estábamos en Septiembre. No se explicar muy bien qué sentí en ese momento...era una mezcla de nervios, melancolía y alivio. Sí, alivio. El cielo por fin había cerrado sus puertas y ahora en la calle (como en mi cabeza) también hay tormentas. 

Nueve de doce, más de la mitad de 365 días consumidos entre noches partidas, estrellas compartidas y miradas bajo la luz del sol o el ocaso. Más de todo, pero por encima de ello, has dado un millón de pasos. 

¿Por qué odias Septiembre? Para mí es solo el primer saludo del invierno, el frío y la suave brisa que me recuerda que como con el calor (y el sol) siempre hay algo capaz de sacarte del infierno. "La vuelta a la rutina" dicen por ahí, "la vuelta a la vida" digo yo aquí. Y no es por aprovechar el tiempo o no saber vivir el momento, el día tiene 24 horas y 3 meses con mi cabeza...no sabéis qué es ese infierno. O sí. Es posible porque tú también has pasado por eso. Todo los tropiezos duelen más, retrocedes en ti misma, vuelves a avanzar pero siempre atascada en este reloj, este "tick tock" que parecía nunca acabar en Junio, Julio y Agosto repitiendo en cada "tick" un no puedo, encerrando en un "tack" la palabra más. 

Y llega Septiembre, abrazándote. Sonriéndote. Y tú solo le das caras largas, Y no sabes porqué. Estás detestando la única razón por la que sigues respirando "tu vida, tu rutina, tus exámenes, tus obligaciones...tus ocupaciones" No sé, quizás soy yo la extraña pero Septiembre está sacándome poco a poco del agobio y la carcel emocional en la que yo misma me encerraba. Necesitaba volver a respirar, sentirme acelerada, ir y volver o solo sentirme cansada. El tiempo vuelve a volar, las mañanas vuelven a ser acompañadas y las noches con sus insomnios algo más bonito aún que recordar. Vuelve a salir de mí esta chica paracaídas aún rota por los vértices pero reconstruida en el centro de todas sus heridas: en mí misma. 

Ahora sí, llámame egoísta por pensar en mí y no en todos los demás que hacen de mi vida una ecuación aún más bonita, sin resultado y siempre en un bello, poético y vertiginoso enigma. Llamamelo que me da igual, quien vive conmigo todos los días sabe que esta es la mejor versión de mi misma. Sí, a veces, como el clima soy más fría, más apática por fuera pero con 70 kg de abrazos esperándote en cada esquina. Débil y fuerte a la vez, mujer o niña, juro que muchas veces no lo sé. No se muchas cosas y tengo aún mucho que aprender. Y no solo conmigo, también de quien me acompaña en cada amanecer. 

Asi que a ti, que odias Septiembre...sí, a ti. Te aconsejo ahora que levantes la mirada y pienses en todas las cosas buenas que te ha dado este mes y tú no valorabas. Mira dentro de ti y después a tu lado. Ver un hueco vacío no es señal de que te han abandonado, solo es una razón más para intentar ser feliz por ti. Y te lo dice una chica asustada de sí misma, frágil, con miedo a las alturas que aún asi se hace llamar "chica paracaídas" y te lo digo yo, sí, porque aún rota tengo millones de razones todos los días para levantarme con una sonrisa. 

Por mí, por quien me quiere bien. Por quien me deja querer. Por quien se queda y quien en lo más alto también me espera. Por el amor, la amistad y la complicidad incluso en la apatía. Por todo y por Septiembre, gracias por aparecer otra vez. Necesitaba oír llover y qué coño...también sentirme volver. 




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