domingo, 11 de septiembre de 2016

Reloj sin tiempo.

Hay canciones de 3 minutos y otras que duran toda la vida. Últimamente he decidido apagar todos mis reproductores musicales internos y dejarme llevar solo por el sonido que me rodea (a veces amable, otras solo son las sinfonías de guerras frías) y no ha ido del todo mal. He descubierto que el auténtico significado del tiempo es aquel que nosotros decidimos malgastar en cada momento, y sí, he dicho malgastar. No, no me he confundido. 

¿Tú sabes usar bien tu tiempo? ¿Cuantas veces has mirado el reloj sin suspirar por impaciencia, desesperación o con deseos de que no pase rápido como el viento? O por el contrario, deseando que vuele y escape lejos. Cuántas veces hemos querido ser detenidos, olvidados y recordados en el mismo minuto y por tanto al mismo tiempo.

El tiempo no se detiene, ya sabes, es como la magia oscura de buenos momentos que en nuestro interior nos tortura, frena y retiene en formato de sueños, esperanzas, expectativas que un reloj a veces parece que no comprende. No sé, yo no sé si es cierto que la vida se resume en una milésima de segundo con la mejor compañía o por el contrario, no sé si lo hace en esa lagrima de despedida o deseo de “para el tiempo, baja del tren y recuerdame otra vez por qué no me olvidas” no lo sé, de verdad que no…pero sigo pensando que la vida es tiempo.

Tiempo que no aprovechamos

Tiempo que gastamos en pensar en que no tenemos tiempo, minutos que pasan y no sabemos ver en nuestro reloj. No hablo de ese que tenemos colgado en nuestra cocina o al lado de la cama en nuestro escritorio. Hablo de ese que palpita y cada día nos da la oportunidad de seguir siendo nosotros. No se a que estamos esperando, hay personas que sí saben aprovechar el tiempo, viven la vida al máximo…ojalá todos fuéramos así. Ojalá nuestra prioridad fuera la de exprimir sonrisas o provocar orgasmos de felicidad compartida y en soledad también. Ojalá, joder ojalá pero no lo somos. Tenemos la estúpida manía de tender a pensar de forma negativa ante todo en nuestra vida, desayunando decepciones y malas esperanzas que esperamos siempre que nunca sean cumplidas.

Olvidamos tantísimo, el valor que tenemos al dar un paso hacia adelante en una sala llena de gente o en un espacio contigo a solas con tu mente. Olvidamos cuan valientes somos cuando queremos algo, luchando sin pensar en los límites. Olvidamos todo para mirar atrás, retroceder en nuestros pasos y ver lo malo de ser personas, con sentimientos y casi sin querer algún que otro imposible. Nos echamos todo a la espalda sin pensar por un segundo que mañana podemos estar arrodillándonos ante un mundo en el que no supimos decir “NO” cuando tuvimos la oportunidad de seguir siendo uno, y no una multitud. Ojalá no fuera así, ojalá fuera un antes. Pero así es ahora, así somos y por eso yo he decidido marcar una X en mi calendario, roja, grande, fuerte…como todas las cualidades que finjo tener cada día y por dentro me callo. Y es por eso que hace unos meses apagué todos mis relojes y hace unos días decidí que era mi momento para parar el tiempo y cambiar mi forma de ser y de verlo todo.

Y es que a veces no necesitamos a nadie a nuestro alrededor para hacernos daño, no necesitamos música, no necesitamos un ruido, solo necesitamos cuatro paredes y el eco de una voz que grita en nuestro interior. Y eso es algo que no entiende nadie. Que no es culpa de quién, cómo o porqué. Que a veces simplemente es uno mismo quien hace al mismo tiempo de cirujano que de asesino. Y no puede ser.

Por eso me dirijo a ti, a la persona que pasa los días encerrada en su habitación triste pensando, escuchando esa música y sintiendo que realmente  todo se viene abajo. A vosotros os digo que se os está pasando la vida, que no estáis aprovechando el momento, que la rutina está consumiendo lo poco que queda de vosotros mismos escrito en ese cuaderno.

Que se lo que estar en esa silla, en esa cama y que el tick tack del reloj sea lo más lento que pasa por vuestros pensamientos. Pero no, decid BASTA. Salid a la calle, gritad, llorad, saltad sin mirar a nadie. No reprimáis nada y no dejéis nada sin hacer.

Porque ahora sois minutos eternos pero mañana podéis ser el primer día de vosotros mismos como relojes sin tiempo y disfrutar del mundo que escondéis por miedo a lo que piensen o sientan el resto.
Ser vosotros mismos vuestro propio tiempo, no miréis más el reloj y disfrutad la vida. Solo es una y cada momento cuenta como un ciento.


Tú decides, yo lo hice. No sé a qué esperas, la calle es larga y ahora es tu momento. 


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