lunes, 6 de junio de 2016

911: Destino tú, vuelo a ninguna parte



Nos debemos tardes de amigos,
abrazos en silencio fuertes, muy fuertes
y alguna que otra cerveza en ese bar de la esquina
que ni a ti ni a mi nos acaba de convencer.

Nos debemos noches de amantes y momentos de dos
una pizza del telepizza para compartir,
sofá, peli y manta.
Noches con nosotros de únicos testigos
(y también culpables).

Buena es la deuda,
mejor el trofeo si salimos vencedores
y no vencidos así que bien...
vamos a perseguirlo.

Y tú me dirás ¿cómo?
Y yo te responderé ¿por qué medirlo?
Al fin y al cabo la vida es un juego 
y nosotros los peones,
que un día decidieron ser más que dos fichas
de un “hola” y doble “hasta luego”.

Robamos a la picardía sus mejores ruegos 
y hoy somos nosotros los que suplicamos
que arda de una vez por todas el fuego.

Muérdeme la sonrisa
y vérsame las heridas,
que los labios los besa cualquiera;
bésame poco a poco,
baja por el cuello
pero sobre todo, tú sigue sonriendo
desvistiendome a besos
y robándome el corazón,
en todos y cada uno de nuestros jadeos.

Rompamos el silencio,
perdámonos entre las sábanas
y que se jodan los vecinos,
piel con piel,
escalofríos,
besos más intensos,
respiraciones aceleradas,
humedad en nuestros cuerpos;
bailemos.

Que eres precioso desvestido,
pero cuando desnudas tu sonrisa;
joder chico así sí que estás perdido conmigo.

Siempre igual dibujando constelaciones de mi boca
hasta tu ombligo, ida y vuelta sin frenos
y con mil motivos.

No sé qué haces ni tampoco cómo,
no sé cómo aterrizar
solo sé que no quiero dejar volar,
contigo y de tu mano,
cerrando los ojos y dejándonos llevar.

Me susurras algo al oído entre gemidos
no sé qué (..) sobre la megafonía
y algo sobre el vuelo 911
no sé “nada”,
pero confieso que me encanta no saberlo:
destino tú, vuelo a ninguna parte.

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