martes, 12 de abril de 2016

latidos sin gravedad, cuerpo tempestad.






Tormentas o tormentos,
desasosiego o desaliento
sin ti y contigo
como un invierno eterno
sintiendo este momento.



Y a ti, pequeño resultado de huracán fallido y tormentosa realidad ¿qué te hace feliz? me atrevería a responder que la lluvia, el agua sobre la dermis teñida esta noche de hielo y cristal. Te preguntarás porqué y como lo sé (..) hace días que te observo y te sigo en el absurdo intento de que un día tus pupilas dejen salir al invierno y la primavera reine en tus ojos grisáceos color soledad. Pero no.

 Hoy hay tormenta, y tú estás aquí. Las calles caóticas y llenas de gente buscando un techo y tú ahí, sentada frente al mar observando el crecimiento de las olas y tu marea también, no existe más. No necesitas paraguas, la lluvia no te moja, te abraza y por como dejas que caiga sobre ti diría que incluso encaja. Pequeña tempestad, no sé si ahora eres tormenta o una revolución de luz sin gravedad.

Intento acercarme pero el suelo esta helado y no me deja aproximarme más. Me quedo allí, a escasos metros de ti observando como te derrumbas, respiras hondo una y otra vez (..) joder, parece que la melodía de las olas vayan al compás ahora también de tu respiración, todo a la vez. Te estás ahogando sin rozarte con un mar que arrasa por dentro más ruinas que 10.000 tsunamis, te estás dejando caer como si quisieras renacer.

Quiero gritarte, pero cómo (..) el viento y el agua nunca han sido un buen elemento, tú podrías ser mi aire si yo supiera como librarte de tu tormento. Desgarrador, profundo y sin amor (por ti). Tú, que paseas por encima de las olas sin necesidad de andar, tú, joder, tú, mi pequeña tormenta ¿por qué no vuelves a ser luz y andar sobre mi gravedad?

Quiero salvar(nos), salir de esta. Una vez más.


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