miércoles, 13 de abril de 2016

Chico grietas. (pt III)


tú eres el verdadero salvavidas.


Hay días y noches, tardes más largas que cualquier sábado de trasnoche (..) tú sigues ahí, acumulando silencios y convencido de que nadie te escucha gritar. Gritas más alto de lo normal porque aún no has aprendido que las grietas cuando se abren son un pequeño grito bilateral que pocos sabemos escuchar.
Duele, lo se pero sólo es el primero de los muchos pasos en los que te quiero ver caminar (..) por supuesto que llorarás y te partirás el pecho riendo en más de una ocasión, volverás o mejor aún, comenzarás a entender qué significa vivir de verdad. No hablo de esa estr(ella), no hablo de nadie que acompañe y haga que esa sonrisa cada día sea una razón para convencerte de qué puedes ser feliz.

Hablo de ti, pequeño chico grietas: lleno de miedos y que camina a tientas, con miedo a qué puede pasar; el descontrol emocional es una rehabilitación que no pensaste vivir jamás pero como todo, llega y como tú, es imperfecta pero tan, tan genial.

Mira(te), sonríe(te), completa(te) (..) enamorate de ti, porque estás saliendo del pozo en el que nadabas y sólo tenías que escalar para dejar de ahogarte. Estás siendo tú otra vez y es que, a veces, el mejor salvavidas es renunciar a entender que pasará y dejarse llevar como hoja al viento que vuelve en retroceso a una grieta que no volverá a abrirse jamás.

La primavera ha dado los primeros pasos y en medio de tu campo en ruinas, ahora hay más de una flor como señal de que si sigues así, seguiremos ahí. Mi pequeño chico grietas, es tu turno de ser feliz.



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