lunes, 14 de marzo de 2016

El invierno y sus roturas.





Mundos divididos, el frío del invierno llama a la búsqueda de abrigos o quizás solo del apoyo de un amigo. Invierno, que dulce palabra y que frío sentimiento; el invierno nos traspasa, nos rompe y a veces hasta nos cansa ¿por qué? porque no sabemos entender que ese frío nos está tocando más allá de lo que todos conocemos como piel.


He leído por ahí, en algún que otro escrito que unos locos decían que el invierno era peor que decir ‘“no existo” y creo que es que no sabéis lo que es de lo que hablais ni lo que creeis. El frío, el hielo y mis mejores amigos los escalofríos. Que grandes símiles del amor ¿no? así como nos quejamos de frío, nos gusta evitarlo en un abrazo. Ese puto abrazo, sí ya sabéis de qué estoy hablando. También el buen café, la taza caliente y inspiración de quien sabe qué en una tarde Domingo en un lugar perdido con sabor a nieve y un poco de querer(te). Querer, qué suerte; otra vez (para quien sabe cómo hacerlo bien.)


Por otro lado, el hielo; reflejo y espejo de un corazón roto que un día por otro se hizo frágil y quizás hasta más añejo. Melancólica consecuencia del frío, tocarlo es poner el cuerpo a la temperatura del mismo en el que un loco con su locura, empieza la búsqueda para encontrarse a sí mismo. Eso es el hielo, uno mismo. Cuando cerramos una puerta, cuando decimos que no a querer y un compromiso; cuando hacemos caso omiso a esta bomba de relojería que sin ningún truco ni brujería llaman por ahí con mucha sabiduría: amor y corazón.


Y cuando pasa el frío, el hielo y sólo la brisa polar recorre nuestros costados. El puto frío, ese invierno interno; sólo quedan los escalofríos, mejores confidentes y grandes amigos. ¿Por qué detestarlos? Son el reflejo de que en una parte perdida de nosotros, también somos humanos; que sentimos. El escalofrío que recorre tu espalda antes de una gran actuación, de sentarte en ese salón lleno de juicios y miradas o simplemente al escuchar esa canción (una canción de dos) el escalofrío que parece tan real como poético, tan poético como mitológico y tan impredecible como tú; el que no esperas, pero siempre aparece (como también deberías hacer tú) tu mejor amigo y tu peor miedo. Si el hielo es el corazón, los escalofríos son la sangre que bombean dentro; nuestro mayor pánico - Los sentimientos.


Y dime, cómo sabiendo esto odias el invierno. Tú, la mujer frágil que se esconde entre las hojas de tu cuaderno; maravillosa como un copo de nieve y fuerte como la tormenta de invierno más letal y poco evidente. Dime como tú, siendo invierno puedes odiar(te) así. Mírate otra vez, hazlo por mí.


¿Ves ese frío ahora? está lleno de ti, y sí; eres preciosa así.

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