martes, 16 de febrero de 2016

Arth; sinónimo de arte.






Ella, era sinónimo de arte; tenía especial obsesión con versarte y a veces, así le dolía el corazón. Como los poetas describían y los artistas intentaban retratar, andaba por la vida sin mirar atrás y atrás era el lugar que ella antes llamaba hogar, la oscuridad y debilidad de sus pupilas color cristal, tan fuerte; tan rota.

Ella nunca daba la nota, escribía versos encerrada en un papel y se los guardaba para sí misma. Decía que la hache era muda (como ella) sin saber que con cada verso, la hache era la que más latía al leer; por poco, lo invisible de su corazón era visible a otros; alegraba corazones sin buscarlo también. Llegaba lejos, y lejos es donde no quiero que esté.

Podía pasarse tardes enteras rasgando esas seis cuerdas metálicas sin parar; es más, cerraba los ojos y tocaba notas y acordes al azar. Sus notas estaban casi tan rotas como ella, los acordes acababan siendo suspiros y los silencios no eran más que gritos al vacío; pero le gustase o no, esa era su forma de escribir y de ser. Su debilidad eran y son los instrumentos con cuerdas rotas; nunca ha sabido el porque, pero le dan mucha pena. Su teoría es que las cuerdas no se rompen porque sí; sabe bien que se rompen porque ya no aguantan más y ella con eso no puede.

Es fría y frágil. Fría como el hielo. Corta sin querer, pero siempre avisa y pone vallas de precaución; no le gusta hacer daño a la gente y menos a la que quiere. Es frágil como los copos de nieve que flotan frente su mirada perdida; una mirada fría que se derrite en los brazos adecuados.

Escribe para ella porque escribir es otra forma de gritar sin salpicar. Su vía de escape son las páginas de una libreta negra que la llama “algún día”, y que algún día compartirá cuando esté preparada. Su sonrisa es lo único intacto que le queda; lo otro, está en reconstrucción a tiempo parcial.

Aunque no lo sepa, una parte de ella esconde versos para gente especial, abrazos y momentos quiere recordar y los enmarca detrás de pequeñas fotografías que cuelgan de la pared de su habitación para recordarle que nunca está sola. Ella las llama letras de emergencia, no las controla y las escribe sin pensar; porque hay gente que se hace querer y es imposible no quererla y por la cual ella repararía todas las cuerdas hasta dejarlas perfectas y por las cuales escribiría todos los versos que quisieran para verles sonreír.

Os presento a Arth.

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